La Sarga en detalle
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1. Ecce Homo
“Salió, pues, Jesús fuera. Llevaba sobre su cabeza la corona de espinas y sobre sus hombros, el manto púrpura. Pilatos se lo presentó con estas palabras:
- ¡Este es el hombre!
Los jefes de los sacerdotes y los guardias, al verlo, comenzaron a gritar:
- ¡Crucifícalo, crucifícalo!” (Jn, 19, 5)
162 x 298 cm.
Imagen de Jesús, coronado de espinas, con su manto, rodeado por sus torturadores: soldados y sumos sacerdotes, siguiendo el imaginario iconográfico propio de la época, que se puede encontrar en otras obras italianas del s.XVII
La Verónica
162 x 298 cm.
La Verónica, según la tradición cristiana, fue la mujer que, durante el viacrucis, tendió a Cristo un paño o lienzo para que se enjuagara el sudor y la sangre. Según la misma tradición, en la tela habría quedado milagrosamente impreso el ‘Santo Rostro’ Su figura no se menciona en los Evangelios Canónicos ni en los Apócrifos, razón por la cual no se puede plasmar cita alguna de texto sagrado. Iconográficamente, esta figura no aparece hasta fines del siglo XV y en su representación pictórica o escultórica habitual se suele mostrar portando el paño.
Traspaso con la lanza o La lanza de Longinosv
“Cuando se acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y, al punto, brotó de su costado sangre y agua” (Jn, 19, 33)
162 x 298 cm.
La escena representada en este fragmento se narra como se recoge en el párrafo anterior en el “Evangelio según San Juan”. En otro texto bíblico apócrifo (el “Evangelio de Nicodemo”), se concreta que un soldado romano, llamado Longinos, atravesó el cuerpo de Jesús cuando estaba en la cruz. Es una de las escenas en las que se hace más patente la anomalía de representar a los soldados que infligen el martirio a Jesús con rasgos otomanos, a pesar del origen romano que les atribuye la historiografía.
Cristo es clavado en la cruz o La Crucifixión
“Llevando a hombros su propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado “La Calavera” (que en la lengua de los judíos se dice “Gólgota”). Allí lo crucificaron y crucificaron con él a otros dos, uno a cada lado de Jesús” (Jn, 19, 17/18)
162 x 298 cm.
El tema de Cristo clavado en la cruz es uno de los menos representados en la iconografía de la Pasión. Los soldados (históricamente, romanos, aunque en la representación de la Sarga con otros códigos fisonómicos y de vestimenta) se disponen a clavar el cuerpo de Cristo en la cruz. Entre las escasas referencias temáticas existentes, se pueden encontrar algunos paralelismos lejanos con una obra anterior de Juan de Flandes, que se expone en el Kunst Historisches Museum de Viena.
Cristo despojado de la túnica
“Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la tropa. Lo desnudaron.” (Mt, 27, 27/28)
162 x 298 cm.
El instante preciso que nos relata este fragmento es en el que Jesús está siendo despojado por los soldados romanos de su ropa. Cristo aguanta todas esas humillaciones y vejaciones con gran fuerza y dignidad. Finalmente, aunque no se llega a mostrar en esta obra, no dejaron ni un trozo de tela que cubriera el cuerpo de Jesús: ni manto, ni túnica, ningún vestido. Le desnudaron como un acto de humillación extrema.
El manto púrpura o El cambio de la túnica
“Lo vistieron con un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron. Después, comenzaron a saludarlo diciendo:
- ¡Salve, rey de los judíos!.” (Mc, 15, 17/18)
200 x 168 cm.
La escena hace referencia al momento del relato bíblico en el que se menciona un manto rojizo violáceo (púrpura en la narración de Marcos y de Juan, escarlata en la de Mateo). En cualquier caso, lo que parece deducirse de la situación descrita es que debía ser un manto gastado por su uso de propiedad de algún soldado romano (posible razón de la falta de certeza sobre la tonalidad concreta). En definitiva, se trataba de humillar y ridiculizar a Jesús como Rey de los Judíos antes de ser crucificado.
Coronación de espinas
“Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. Los soldados prepararon una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza” (Jn, 19, 1/2)
200 x 165 cm.
Como en el caso del manto púrpura, el capítulo de la coronación se relata en los evangelios de San Juan, San Marcos y San Mateo. El episodio responde a la idea de Poncio Pilato de querer contentar al pueblo judío sin tener que ejecutar a un hombre que él sabía inocente, pero que no tuvo valor de defender. El/los artista/s presenta a los soldados ‘romanos’ en una de las escenas con más acción, dramatismo y violencia. Este tema fue profusamente tratado por los artistas del Renacimiento, y específicamente por algunos de sus más significados representantes en la pintura veneciana, lugar donde se formó Martín de Vos. Son especialmente reconocidas las versiones pintadas por Tiziano, una anterior a la Sarga y otra posterior, de las que apenas podemos encontrar leves reminiscencias en algunos aspectos básicos de la composición de la escena.
Cristo ante Pilato
“Jesús compareció ante el gobernador y éste le preguntó:
- ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesus respondió:
- Tú lo dices.
Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los jefes de los sacerdotes y los ancianos. Entonces, Pilato le preguntó:
- ¿No oyes todo lo que dicen contra ti?
Pero él no respondió, de suerte que el gobernador se quedó muy extrañado” (Mt, 27, 11/14)
200 x 165 cm.
La escena representa el episodio de la pasión de Cristo en el que es llevado ante el gobernador romano Poncio Pilato, después de su presencia ante el rey judío Herodes Antipas. La figura de Jesús maniatado ocupa el centro de la composición, junto con esbirros y soldados que lo presentan ante Pilato. Éste, sentado sobre un estrado con cetro y collar dorado, se dispone a interrogar a Jesús. Aunque menos recurrente que la coronación de espinas, también es un tema tratado por autores del Renacimiento veneciano, siendo su exponente más reconocido un óleo de mediados del XVI de Tintoretto, una de las figuras con las que contactó Martín de Vos.
El primer escarnio de Cristo o Cristo caído y azotado
“Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a darle bofetadas; otros lo golpeaban, diciendo:
- Mesías, adivina quién te ha golpeado” (Mt, 26, 67/68)
200 x 165 cm.
La escena muestra a Jesús siendo burlado por una horda de hombres. Tiene las manos atadas por una cuerda. Recibe, indefenso, los golpes que le propinan personajes diversos: el verdugo que tira de la cuerda, dos hombres que alzan el puño para pegarle, un soldado con un bastón en su mano izquierda, adivinándose un mayor tumulto al fondo. En esta escena, la figura central de Jesús pierde relevancia técnica frente al dramatismo poco frecuente en la época que se refleja en los rostros de los verdugos, llenos de brutalidad. La temática es menos frecuente en la época, aunque existen referentes cercanos en el Renacimiento veneciano, como un dibujo de Jacobo Bassano.
Lavatorio de los pies
“Se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Cuando llegó a Simón Pedro, éste se resistió:
- Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le contestó:
-Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás después” (Jn, 13, 4/7)
103 x 227 cm.
La escena representa a Jesús lavando los pies de sus discípulos como un signo de humildad y también de purificación antes de instituir la Eucaristía de la Última Cena, reflejada en el evangelio de San Juan. La parte central de la imagen la ocupan Jesús lavando los pies a Pedro, vencidas sus reticencias iniciales. Al fondo, se disponen el resto de los apóstoles en composición abierta, asimétrica y logrando una perspectiva lineal por la superposición de personajes con la puerta al fondo como punto de fuga. Resulta inevitable la mención de “El lavatorio”, una de las más reconocidas obras pintada apenas 20 años antes por Tintoretto, el gran pintor manierista veneciano y uno de los referentes de Martín de Vos, que se expone en el Museo del Prado, aún cuando le ejecución técnica de la Sarga no sea equiparable.
Última cena o Santa cena
“Dicho esto, Jesús se sintió profundamente conmovido y exclamó:
- Os aseguro que uno de vosotros me va a traicionar.
Los discípulos comenzaron a mirarse unos a otros, preguntándose a quién podría referirse” (Jn, 13, 21/22)
245 x 222 cm.
Esta escena es la única que no se muestra dentro del conjunto general de la Sarga. Se puede ver extraída de la misma en un cuadro que se muestra en el interior del acceso lateral a la iglesia, que fue acceso principal en el primitivo templo románico sobre el que se levanta. Muestra el episodio de la Santa Cena -que no la última- en la que se instauró la Eucaristía y en la que se produjo la premonición de la traición de Judas. En su día situada justo encima del altar mayor, fue el fragmento que más hubo de soportar los efectos del calor y los humos de los cirios y, por tanto, aquel en el que eran más evidentes los signos de deterioro ya que, a la general decoloración y efectos de la humedad y de hongos, se unía en este caso la descomposición del soporte en algunas zonas. Por ello, se hubo de proceder a un reentelado, debido a la fragilidad que presentaba el soporte. A pesar del gran esfuerzo realizado es el fragmento que muestra un estado de mayor deterioro.
Oración en el huerto
“Se alejó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y estuvo orando así:
- Padre, si quieres, aleja de mí esta copa de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lc, 22, 41/42)
108 x 227 cm.
La oración en el monte de los Olivos es el episodio evangélico que antecede al prendimiento de Jesús y al inicio de su Pasión. Siguiendo las representaciones al uso, se sitúa a Jesús en el centro de la escena arrodillado y en oración, contemplando al ángel portador del cáliz. Entretanto, tres apóstoles -por el protagonismo que se les adjudica en los evangelios, cabría pensar que Pedro, Santiago y Juan- dormitan despreocupados en segundo plano. Se trata de una de las escenas más interesantes desde el punto de vista artístico, en tanto que contiene una de las más expresivas representaciones de Jesús y que permite apreciar el uso de técnicas que se empezaban a aplicar en la época, como el escorzo que se apunta en los apóstoles o la introducción de apuntes paisajísticos al fondo.
Traición de Judas o El beso de Judas
“Aún estaba Jesús hablando cuando apareció un tropel, encabezado por uno de los doce, llamado Judas, que se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo:
- Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?” (Lc, 22, 47/48)
199 x 162 cm.
Judas, tras guiar a los guardias del Sanedrín al huerto de Getsemaní, delata a su maestro por 30 monedas de plata con la señal convenida de un beso, traición ya anunciada por Jesús en la Última Cena. En el caso de Judas, se adivina en su vestimenta el amarillo, color que simbolizaba la traición en la teología medieval. A la izquierda, San Pedro le corta la oreja a uno de los siervos que colaboró en el arresto de Jesús. Al fondo a la derecha, comienza un enfrentamiento con espadas y palos. Nótese cómo las escenas del fondo, marcadas por la acción, la violencia y el dramatismo, contrastan con la serenidad de los dos protagonistas en primer plano, que casi parecen estáticos.
Cristo ante Caifás o Cristo ante el Sumo Sacerdote
“Entonces todos le preguntaron:
- Luego, ¿eres tú el Hijo de Dios?
Jesús les respondió:
- Vosotros lo decís; yo soy.
Ellos dijeron:
- ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oido de su boca” (Lc,22, 70/71)
199 x 162 cm.
Cristo, en la zona central de la escena ligeramente desplazado a la izquierda, es llevado por unos soldados ante el sumo sacerdote Caifás, quien aparece en su palacio sentado en el trono cubierto por un baldaquino, rodeado por el sanedrín, consejo de ancianos, y con los fariseos, seguidores religiosos que aparentaban rigor pero eludían los preceptos y el espíritu de la ley. El gesto de Caifás denota la ira del momento y, aunque tiene abiertas las vestiduras, no se refleja el gesto de arrancárselas como en otras representaciones del tema (Giotto). Uno de los soldados levanta una mano para golpear a Jesús, inmovilizado.
La flagelación
“Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús para que lo azotaran y, después, lo crucificaran” (Mc, 15, 15)
199 x 162 cm.
En una localización que se puede adivinar como el patio de un palacio, Cristo está atado en una columna rodeado por dos sayones que le flagelan. Al fondo a la izquierda se ven otros soldados romanos, mientras que a la derecha, a los pies del protagonista, parece adivinarse su túnica, de la que ha sido despojado. Completan la escena otros personajes que parecen contemplar el martirio. Se trata de una de las escenas en las que mejor se aprecia la influencia manierista en el tratamiento del cuerpo humano: la figura de Cristo se representa en una postura difícil y un tanto artificiosa, consiguiendo una extraña elegancia. La buscada desproporción de extremidades y cabeza y la estilización del semblante refuerzan la expresividad del episodio.
Burlas de los Sayones
“Despues comenzaron a saludarlo, diciendo:
- ¡Salve, rey de los judíos!
Le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, poniéndose de rodillas, le rendían homenaje. Tras burlarse de él, le quitaron el manto de púrpura, lo vistieron con sus ropas y lo sacaron para crucificarlo” (Mc, 15, 18/20)
199 x 169 cm.
Escena menor en el relato de la pasión de Cristo que hacen los cuatro evangelistas, en ella se representan las burlas a las que fue sometido Jesús tras ser entregado por Pilato, mientras la multitud le preparaba para la crucifixión. El término ‘sayón’ se refiere a diferentes personajes judíos que intervinieron en la Pasión y que, según el diccionario, tienen dos acepciones: por un lado, son los verdugos que ejecutaban las penas a las que eran condenados los reos; por otro, personas de aspecto feroz. Ambas cuestiones se reflejan en una de las escenas más multitudinarias de la Sarga, con una acción en el tratamiento de sus figuras principales que refleja tanto la violencia como las burlas.
El Calvario
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre. María la mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesus, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto quería, dijo a su madre:- Mujer, ahi tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo:
- Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya ” (Jn, 19, 25/27)
360 x 418 cm.
La escena central de la Pasión y de la Sarga incluye a los tres crucificados, a la Virgen , a San Juan y a María Magdalena, habitualmente arrodillada y abrazada a la cruz. También podemos ver, en muy segundo plano, a los soldados jugándose la túnica de Jesús, un paisaje urbano en la lejanía y un jinete que corre en su caballo hacia la ciudad. Técnicamente, es la mejor escena de la Sarga y presenta referencias artísticas suficientemente personalizados, con un dibujo subyacente muy preciso y una factura muy segura, rasgos artísticos que permitirían aventurar una hipótesis de atribución de la obra. Se dice de Martin de Vos que era un excelente dibujante pero un colorista seco, y esto lo podemos comprobar en el cuadro central de El Calvario. El Cristo, que sería propiamente de su pincel, se diferencia enormemente de los dos ladrones